Por: Joaquín Negrura, 16 de Octubre 2024
A Alexander Humboldt (1759-1859) habría que llamarlo el científico que profetizó la crisis climática y ecológica que hoy padece la humanidad. Más de 160 años han pasado desde su muerte y pocas mentes creyeron en aquel tiempo, y aun los hay en el presente; que sus investigaciones y predicciones iban a tener tanta actualidad y valor, siglo y medio después. Hoy debemos volver a su lectura como un homenaje a quien descubrió y acercó la riqueza natural de nuestro continente al campo de la investigación y entregó su vida a las ciencias y al progreso de los pueblos.
Corría el año de 1799, era fin del Siglo XVIII cuando Alexander Humboldt obtuvo el pasaporte (salvoconducto) otorgado por el Rey Carlos IV de España, para viajar por las Colonias del Nuevo Mundo. La corona española siempre había sido muy celosa al impedir que ciudadanos de otras monarquías europeas visitaran sus territorios coloniales; pero el prestigio científico y los contactos de Alexander fueron suficientes para que se le concediera el permiso; sin que por eso callara sus críticas al colonialismo; que una década después de su exploración fueran guía e inspiración de las luchas independentistas en América.
Humboldt era en su tiempo y en el mundo occidental una de las mentes más sabias y humanas de aquel tiempo. Estaba por cumplir 30 años cuando comenzó su exploración que duraría 5 años (1799 – 1804) y que lo llevaría por las cuencas y las selvas de los ríos Orinoco, Magdalena, Amazonas, La Cordillera de los Andes, y el Perú. También incluyó en su viaje prolongadas estancias en Cuba, México, y las ciudades de Filadelfia y Washington de la recién fundada República de Estados Unidos de Norteamérica en 1776.

Humboldt era para entonces una eminencia en las ciencias de la naturaleza, en las artes y la filosofía política. Antes de partir en su viaje de exploración por El Nuevo Mundo su propósito lo describió así: “Coleccionaré plantas y animales, estudiaré la temperatura, la elasticidad, la composición magnética y eléctrica de la atmósfera, la descompondré, determinaré las longitudes y los paralelos geográficos, mediré montañas; pero en realidad este no es mi objetivo final. Mi verdadera y única finalidad será la de investigar cómo se entretejen todas las fuerzas naturales, y la influencia de la naturaleza inerte sobre el mundo vivo animal”.
Sus profundos conocimientos científicos le permitían versar con autoridad sobre el firmamento y la profundidad de los mares, sobre el
origen de la Tierra y sus suelos, hasta la cima de las más altas montañas, para luego analizar hasta la pisca de un musgo sobre la roca. Hablaba de poesía y astronomía, pero también de Geología y pintura paisajística. Abordaba la meteorología, la historia de la Tierra, los volcanes y la distribución geográfica de las plantas. Deambulaba de los fósiles a la aurora boreal, del magnetismo a la flora, la fauna y las migraciones de la raza humana. Sus conocimientos era un vívido caleidoscopio que abarcaba todo el universo.
En su juventud sus pensamientos políticos estuvieron influenciados por la Revolución Francesa del verano de 1789, que declaró la igualdad de todos los hombres, país donde se estableció la primera república europea opuesta a las monarquías que la rodeaban. Estas ideas de la Revolución las llevó dentro de su corazón durante toda su vida. En 1790 a sus 19 años visitó Paris para participar en la celebración del primer aniversario de la Revolución Francesa y siempre tuvo gran respeto y admiración por el pueblo y los líderes que la llevaron a cabo. En una carta que envió a su amigo Friedrich Heinrich escribió que ese verano en Paris estuvo jalando arena ayudando a construir el templo de la libertad.
Su padre murió cuando él era un chamaco y desde su adolescencia soñó hacer viajes de exploraciones científicas por diferentes regiones europeas, pero el respeto que tuvo por su autoritaria madre, que siempre se opuso a sus sueños libertarios de explorador e investigador; y las guerras en que se sumían las monarquías europeas se lo habían impedido. A la muerte de su madre a finales de 1796, ya no hubo impedimento y no descansó hasta llegado el momento de embarcarse en el más grandioso de sus viajes: Al Nuevo Mundo.
El 16 de Julio de 1799 Humboldt y Aimé Bonpland (botánico francés que conoció en Paris) desembocaron en la costa de La Nueva Andalucía, lo que hoy es territorio venezolano. El pasaporte concedido por la corona española les daba a los exploradores la posibilidad de recorrer un continente que había sido muy poco estudiado. Al adentrarse en el continente y ver el esplendor natural del trópico Bonpland no pudo más que exclamar: “Creo que voy a enloquecer, sino terminan pronto estas maravillas” se refería a la exuberante vegetación tropical que estaba a su vista.
Las regiones tropicales y sus gentes los esperaban para ser vistas con los ojos de la ciencia y el corazón humano. ¿Qué es la Región Tropical? Es la región del planeta ubicada entre los trópicos de Cáncer al norte y el de Capricornio al sur, en un ángulo de 23° 7′ hacia ambos lados de la línea Ecuatorial. Esta ancha franja horizontal del planeta comprende el 40% de la superficie total del planeta, y alberga, aproximadamente, el 80% de su diversidad biológica. Las zonas tropicales a diferencia de las templadas están poco marcadas por los cambios de temperaturas durante el año, y sus cambios obedecen más a las influencias de las alturas, (el relieve) respecto al nivel del mar y los vientos.
Latinoamérica forma parte de esta franja de territorio del trópico, donde se ubican importantes ecosistemas de biodiversidad del planeta. ¡…Pero no cantemos gloria…! los latinoamericanos debemos saber que este potencial de riqueza natural brindado a nuestro continente por la naturaleza, está hoy más que nunca, amenazado por la insaciable voracidad de acumulación de capital de la oligarquía mundial y su burocracia gerencial.
¿Es que el Homo sapiens dejó de ser sabio para convertirse en Homo barbarus? ¿Es que la moderna civilización pretende llevar la teoría de la selección natural a la de extinción de la mayor parte de la especie humana?
Cuando El 1% de la población está en guerra con los pueblos del mundo, la lucha social se vuelve un imperativo para salvar al planeta
con todas sus especies y con ellas la misma humanidad. Humboldt lo dijo en 1829. “Predijo que los tres aspectos que estaban afectando el clima eran: La deforestación, la irrigación descontrolada (mal uso de los recursos hídricos) y las grandes masas de vapor y gas producidos en los centros industriales” Haber dicho esto dos siglos atrás, es una predicción casi increíble.
Entre 1799 y 1800, cuando Humboldt y Bonpland exploraron el territorio de lo que hoy es Venezuela, habían transcurrido 300 años de colonización, y si bien estaban extasiados de locura por la exuberante biodiversidad de flora y fauna que a cada paso encontraban, también observaron y criticaron las practicas productivas que tanto criollos como peninsulares realizaban, en estos territorios, al considerarlos como lugares de saqueo y extracción de sus riquezas minerales y naturales.
Lo primero que Humboldt repudió al llegar a tierras del Nuevo Mundo, fue el inhumano mercado de esclavos africanos que se desarrollaba con toda normalidad frente a su vista. Estas escenas convirtieron a Humboldt en abolicionista durante toda su vida. También repudio las inhumanas y largas jornadas de trabajo que criollos y peninsulares con el beneplácito de la Iglesia Católica impusieron a los pueblos originarios bajo el sistema productivo de La Encomienda. Criticó la inhumana minería, la deforestación y los monocultivos que se habían establecido en toda América colonial. (Caña de azúcar, algodón, café, índigo, añil y tabaco) productos todos para el consumo del mercado europeo.
A diferencia de la mayoría de los europeos, Humboldt admiraba la lengua, las creencias y el conocimiento de la naturaleza de los pueblos originarios. Admiraba como conocían cada planta, cada animal de la selva, podían distinguir los árboles por el sabor de su corteza. Por el contrario criticó el trato bárbaro e inhumano que los colonos y misioneros; los supuestos “civilizados” le daban a la población nativa y a los esclavos africanos. Al regresar a Europa difundió una nueva imagen de los indígenas considerados como pueblos barbaros.
El 7 de febrero de 1800 Humboldt y Bonpland salieron de Caracas para explorar la Cuenca del Orinoco, al llegar al Valle de Aragua, una de las zonas agrícolas más fértiles (a 320 Km. al sur de Caracas) en medio del valle estaba el Lago Valencia. Era un lugar idílico, sin embargo los nativos de la zona les comentaron que el nivel de las aguas del lago estaba bajando a toda velocidad. “La tala de los bosques circundantes y el desvió de las aguas para riego habían hecho descender los niveles”. Fue allí en el lago Valencia donde Humboldt desarrolló su idea del cambio climático provocado por el sistema de producción colonial, advirtiendo que la deforestación y las técnicas agrícolas podían tener consecuencias devastadoras. Sin darse cuenta Humboldt se estaba convirtiendo en el padre fundador del movimiento ecologista.
Entre 1799 y 1800 Humboldt entendió las funciones del bosque en el ecosistema y el clima. Descubrió la capacidad que tenían los bosques de convertirse en filtradores y reservorios de agua, protegiendo los suelos y enfriando el planeta por sus emisiones de oxígeno a la atmosfera. Todo esto fue expuesto por Humboldt en su libro (Narrativa personal editado a su regreso a Europa).
La reduciendo de los bosques en Latinoamérica y en la selva amazónica en particular es por causa de la demanda de tierras para agricultura y ganadería extensiva y la extracción de madera de las grandes compañías. A esta presión se suman los inmensos incendios forestales que año con año se producen durante la época seca y de calor; reduciendo la cobertura vegetal y lanzando millones de toneladas de CO₂ (Dióxido de Carbono) a la atmósfera; produciendo el efecto invernadero, el calentamiento global del planeta y la crisis climática que trae consigo mayores y más frecuentes de desastres “naturales”; y que por supuesto quienes pagan el pato siempre son los grupos sociales más vulnerables y pobres del planeta.
Desde 1998 hasta la fecha, cada día la selva amazónica pierde 14,764 Km² de selva; esto significa que para el 2028 (a escasos 3 años) se habrán perdido 443,000 Km², una extensión un poco mayor que el territorio de las 5 repúblicas centroamericanas. Si la Selva Amazónica continúa a este ritmo de deforestación para el año 2064 habría desaparecido, especialmente en las áreas sur y este de la selva.
Lo que tanto cuesta entender hoy: que la naturaleza es un entramado de vida en la que todo está entrelazado, formando parte de un solo organismo vivo’ Alexander Humboldt lo entendió en Junio de 1802 estando muy cerca de la cima del Volcán Chimborazo (Ecuador) “No sabemos cómo será el futuro, solo sabemos que, si hay alguno, se fundará sobre cimientos nuevos, y que casi nada de los que hoy mueve al mundo va a sobrevivir a los estremecimientos y los grandes colapsos que se avecinan”
Referencias:
- William Ospina: “Pondré mi oído en la piedra hasta que hable”. Editorial Random House, Bogota, Colombia, abril 2023.
- Andrea Wulf: La Invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt. Editorial Random House, Barcelona, España, Octubre 2019.
- www. Sentientmedia.org

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