Los Hermanos Karamazov para lectores del Siglo XXI

Apuntes de: Sánchez Ch. (26 de Sept. 2024)


Breve:


Hace tres años, (2021) se conmemoraron los 200 años del nacimiento de Fiodor
Mijailovich Dostoievski, (1821-1881) el inigualable novelista ruso, autor de obras
clásicas que forman parte de la literatura universal, entre ellas: “Crimen y
Castigo” y “Los Hermanos Karamazov”, esta última fue la cumbre de sus obras y
que él concluyó en los últimos días de su vida.


Estos son mis apuntes de su última novela, después de releerla detenidamente, y
los dedico a los lectores de nuestro Siglo XXI, que no cuentan con el tiempo
necesario o no quieren adentrarse a la lectura de tan extensa obra. El lector
encontrará aquí los aspectos más importantes para comprender la trama humana
y social de la novela.


La mayor parte de los textos son citas textuales sintetizadas, otras son
parafrasees y en algunos pocos casos incluyó mis interpretaciones y valoraciones.
La idea principal es resumir los 12 libros de la novela.


Importantes personas en la historia han dicho que después de leer esta novela
han podido comprender al género humano con sus defectos y virtudes.
Esta clásica y universal novela fue escrita entre 1878 y 1880, eran tiempos
previos a las revoluciones de 1905 y la de octubre de 1917; Rusia estaba
convulsionada por la opresión zarista, la pobreza de la inmensa mayoría y la falta
de libertades. Se vivía bajo un modelo de producción de servidumbre al estilo
feudal, una especie de esclavitud donde los terratenientes eran dueños de los
siervos.


Las presiones socio-políticas internas y externas hicieron que en 1860 el Zar
Alejandro II decretará formalmente el fin de la servidumbre; los terratenientes
dejaron de tener propiedad y control de las personas que vivían dentro de sus
propiedades, pero esto no cambió en nada la vida de la gente del campo, algunos

pequeños terratenientes cayeron en desgracia, pero los grandes terratenientes
no fueron afectados por ese decreto. Fue un decreto que no cambió en nada la
vida de las pobres gentes en Rusia.

Libro uno:


Historia de una familia

La novela relata los hechos y el ambiente en que ocurre el asesinato del padre
Fiodor Pavlovich Karamazov, culpando a su hijo mayor (Dmitri) de haberlo
cometido. (Un atroz parricidio) Fiodor era uno de esos terratenientes venidos a
menos después que se decretará en 1860 el fin de la servidumbre en Rusia. Para
contextuar su novela Dostoievski escribió lo siguiente:


“Vivimos tiempos en que todos aspiran a unir particularidades y hallar algo común
en este descalabro universal en que vivimos…” A lo largo de la novela el autor
pone en boca de Iván Karamazov (el segundo hijo) la descripción de la sociedad y
el mundo en el último cuarto del Siglo XIX, época en la que se escribió esta
novela. He aquí un fragmento de lo que Iván dice al respecto:

  • ¿Qué es lo que los jóvenes rusos hacen en estos tiempos? Hablan de los
    problemas universales, ni más ni menos, si Dios existe o no y los que no
    creen en Dios hablan de socialismo y anarquismo, de la necesidad de
    transformar la humanidad según un modelo diferente, son los mismos
    problemas, pero vistos desde el otro lado. En el Siglo XVIII existió un
    viejo pecador quien dijo que si Dios no existe habría que inventarlo. Lo
    extraño y maravilloso no sería que Dios existiese realmente, lo
    admirable es que ese pensamiento de la necesidad de Dios pudiera
    anidar en el pensamiento de un animal tan salvaje y malo como el
    hombre. Yo he decidido no pensar en si el hombre creó a Dios, o Dios al
    hombre. Todas estas ideas modernas vienen de hipótesis europeas, y lo
    que allá es una hipótesis, para los jóvenes rusos se convierte en
    sentencia, en doctrina, en axioma.

¿Quieres que te explique, qué clase de persona soy? – le dice Iván a su
hermano Aliosha- No es que niegue a Dios, lo que no acepto, ni quiero
aceptar es el mundo que él diseñó, el mundo de Dios.

Uno se asombra como el autor pudo concebir una trama tan compleja y extensa,
donde todos los hechos se van narrando de forma perfecta y armonizada, de tal
forma que no existen ambigüedades en el desarrollo de la trama. Pero es a partir
del contenido del Libro Quinto y en concreto de sus capítulos 4 y 5 La Rebeldía y
El Gran Inquisidor, desde donde Dostoievski toma los principales argumentos de
la novela.


Familiaricémonos con los personajes:


Aunque la novela es muy extensa, no tiene tantos personajes como otras de su
época. Los pocos personajes principales se apoyan de otros secundarios que
ayudan al desarrollo de la trama. Lo que confunde a algunos lectores, es que
Dostoievski le asigna a los mismos personajes varios nombres. Aquí usaremos un
solo nombre por personaje.


Fiodor Pavlovich Karamazov, es el padre, Dmitri, el hijo mayor de su primer
matrimonio e Iván y Aliosha los dos hijos del segundo matrimonio. Fiodor
Karamazov se desentendió de su primer hijo que tuvo con Adelaida Ivanovna. Al
poco tiempo de deshacerse de Dmitri cuando este tenía 4 años se casó por
segunda vez con Sofía Ivanovna, una huérfana que había perdido a sus padres
cuando era una niña. Lo único que a Fiodor le atraía de Sofía Ivanovna eran sus
ojos inocentes, eran como una navaja de afeitar que le cortaba el alma, solía decir
el pervertido Fiodor con una risita repugnante; era un hombre que no podía sentir
más que una atracción voluptuosa por ella. Fiodor trató a Sofía de la peor manera.
Por su parte Sofía Ivanovna no mostraba más que sumisión y docilidad, lo que le
valió que Fiodor pisoteara los más elementales derechos que toda relación
conyugal aparejaba. En su misma casa, delante de ella, se reunía con mujeres de
la vida disipada y celebraba verdaderas orgías.


De este matrimonio nacieron: Iván y Aliosha. Cuando Sofía Ivanovna falleció, el
pequeño Aliosha tenía 3 años. Éste aunque suene un poco absurdo recordó a su

madre durante toda su vida. Ante la muerte de su madre Iván y Aliosha corrieron
la misma suerte que Dmitri, abandonados por su padre.


Grushenka y Katerina Ivanovna. Son dos mujeres rivales, (personajes principales)
que se disputan el amor de Dmitri. La primera de origen humilde, de mala
reputación tirándole a mujer pública y Katerina Ivanovna aristócrata de familia
noble en decadencia y perdidamente enamorada de Dmitri. Las dos mujeres
compiten en belleza y hermosura. Dmitri va dejando de querer a Katerina y se va
enamorando perdidamente de Grushenka. Pero Grushenka no sólo es cortejada
por Dmitri sino también por el padre Fiodor. Este cuadrángulo amoroso es el
conflicto que llevará al desenlace trágico de la novela.


Smerdiakov: Huérfano y nacido fuera de matrimonio. La novela deja a criterio del
lector si este personaje se trata o no, de un hijo bastardo de Fiodor. Existen
puntos de vista contrapuestos al respecto de la paternidad de este personaje. Se
insinúa que Smerdiakov es producto de un desenfreno sexual de Fiodor, cuando
una noche en estado de ebriedad abusó sexualmente de la loca del pueblo, una
vagabunda perturbada de la mente, que en los últimos minutos, antes de parir
salta la barda entrando a la propiedad de Fiodor y en una letrina exterior da a luz
a su hijo. La loca fallece durante el parto, el bebe queda huérfano y es adoptado
por los criados de Fiodor, la pareja de Grigori Vasilievich y Mafda Ivnatieva,
ambos mayores de 60 años. (considerados personas ancianas en ese tiempo) y
que se encargan de la crianza del bebe de la loca.


Cuando ocurre el asesinato de Fiodor, el padre Karamazov, Aliosha no llegaba a
los 20 años de edad, su hermano Iván había cumplido los 23 y el mayor Dmitri
contaba con 28 años.


En su niñez Aliosha fue precoz, amante de la humanidad, y que a sus 19 años
había decidido entrar en un monasterio porque pensaba que allí encontraría el
refugio soñado en el que podía evadir las tinieblas que implicaban los males
mundanos y alcanzar la luz del amor ansiado por su alma. Esta senda lo sedujo
porque en ella encontró a un ser extraordinario: El ermitaño Zósima con quien se
vinculó con toda vehemencia, fue como el primer amor de su corazón insaciable.
De hecho prolongaba una conducta que traía desde la cuna.

Aliosha perdió a su madre cuando tenía 3 años, él la recordó durante toda su vida;
añoraba su cara y sus caricias “como si estuviera viva ante mi” decía. Tales
recuerdos suelen conservarse incluso desde una edad más temprana, hasta desde
los 2 años, pero sólo surgen como puntos luminosos entre las tinieblas, como un
pequeño trozo arrancado de un enorme cuadro que hubiera desaparecido por
completo, con la excepción de este pequeño trozo. Exactamente era eso lo que le
ocurría a Aliosha.


¿Cómo la recordaba Aliosha a su madre? Le venían a la memoria una apacible
tarde veraniega, la ventana abierta, los rayos oblicuos del sol poniente – esos
rayos oblicuos son los que recordaba con más nitidez – la imagen en un rincón de
la habitación ante la cual ardía una lamparita, y delante de la imagen, de rodillas,
sollozando como en un ataque de histeria, con chillidos y gritos, su madre, que lo
abrazaba con ambos brazos hasta producirle dolor, y que imploraba a la virgen
por él, mostrándoselo como si solicitara su protección… De pronto entró la niñera
y lo arrancó asustada de los brazos de la madre. ¡Este era el cuadro! Aliosha
recordaba el rostro de su madre, que lo juzgaba bello según su recuerdo, pero no
le gustaba hablar de eso. Aliosha nunca quiso erigirse en juez de los hombres a
quienes no quería censurar, ni veía motivos de censura. Parecía que aguantaba
todo, sin condenar a nadie, aunque a menudo caía en una amarga tristeza.


A sus 18 años, cuando se presentó ante su padre Fiodor, lo encontró en un
ambiente de irrespirable desenfreno; él, inocente y puro buscaba apartarse
silencioso cuando no soportaba todo lo que se ofrecía ante su vista; no obstante
jamás emitió la menor señal de desprecio o reproche para nadie. Llegó incluso a
abrazar y besar a su padre motivado por las falsas lágrimas de borracho, bajo el
sentimentalismo de la embriaguez, le había tomado cariño sincero y profundo,
como nunca un sujeto como él había amado a nadie…


Siendo niño Aliosha fue educado por un protector llamado Efim Petrovich Polenov
ganándose todo el afecto de la familia de este señor, a tal punto que fue
considerado como un miembro más de la familia. Cuando niño Aliosha no era
afecto a las travesuras, tampoco alegre, pero cualquiera que lo semblanteara
percibía que no era un joven serio; por el contrario, su carácter era ameno y

afable. Nunca quiso sobresalir entre los muchachos de su edad. Quizá por eso
nunca le temió a nadie. No resistía escuchar ciertas palabras y ciertas
conversaciones sobre mujeres, que lamentablemente son algo que no se puede
extirpar de las escuelas. Chicos de alma y corazón puros, aun casi niños, a
menudo hablan en clase entre sí, incluso en voz alta, de cosas, cuadros e
imágenes de las que ni siquiera los soldados se atreven a comentar. Aliosha al oír
estas conversaciones se tapaba los oídos y el resto de muchachos le quitaban las
manos de las orejas y le gritaban al oído las groserías y todo tipo de palabras
impúdicas. A la muerte de Efim Petrovich, Aliosha fue a parar a la casa de dos
parientas lejanas de Petrovich a quienes jamás Aliosha había visto.


Aliosha nunca se preocupó por quien pagaba sus estudios. En este aspecto se
diferenciaba de su hermano mayor Iván, quien desde su infancia sintió con
amargura que vivía a costillas de los demás, sufrió apremios durante sus dos
primeros años de la universidad, viéndose en la obligación de ganarse el sustento.


Alexandrovich Miusov, un personaje muy atento a las cuestiones relativas al
dinero y la honradez burguesa dijo de Aliosha el siguiente aforismo:”Aliosha tal
vez sea la única persona en el mundo, a la que la sueltan sola y sin dinero en el
parque de una ciudad desconocida de un millón de habitantes, no se perderá ni
morirá de hambre o de frio porque al instante le procuraran alimento y
alojamiento. Nadie podía enfadarse con esta singular característica de Aliosha.
Fiodor Karamazov –el padre- no fue capaz de señalarle a Aliosha, el lugar donde
yacía su madre, puesto que nunca visitó su tumba, desde el día en que su cuerpo
fue enterrado. Fiodor alegaba que después de tantos años, no recordaba el
lugar…


Después de 3 o 4 años del fallecimiento de su segunda esposa, Fiodor se marchó
hacia el sur de Rusia, a Odesa, donde se estableció por varios años. Allí trabó
relación con numerosos judíos de toda clase. Y que finalmente no sólo los judíos
sino también los hebreos le abrieron las puertas de sus casas.


¿Cómo era Fiodor, el padre Karamazov?

Nomás verle la cara, cualquiera podría imaginarse el pasado de excesos al que se
había entregado sin miramientos. Además de las prolongadas y fofas bolsas
debajo de sus pequeños ojos, siempre insolentes, desconfiados y farsantes,
además del gran número de profundas arrugas en su cara diminuta, pero
abotargada, su aguda barbilla había sumado una nuez grande, carnosa y alargada,
como un bolso, lo que le proporcionaba un aspecto repulsivamente sensual.
Súmenle a eso una boca lasciva y larga, de labios abultados, tras lo que se veían
las raíces negras de unos dientes casi consumidos. Siempre escupía cuando
hablaba. El mismo acostumbraba a hacer bromas respecto de su cara.


Especialmente señalaba su nariz, no muy grande pero si fina, con una curva muy
pronunciada: Es auténticamente romana –decía- la nariz y la nuez forman una
verdadera fisonomía de antiguo patricio romano de los tiempos de la decadencia”
Cuando Aliosha por fin encontró la tumba de su madre le manifestó a su padre su
deseo de entrar al monasterio y que los monjes estaban dispuestos a admitirlo en
calidad de novicio y le pedía su solemne autorización como padre. Fiodor sabía
que el ermitaño Zósima había producido particular impresión en su apacible
muchacho.


El día que Aliosha le pidió el consentimiento a su padre, para entrar en el
monasterio, este le dijo: vete, busca allí la verdad y compártela conmigo; a ti te
convendrá mucho más vivir allí que conmigo, que soy un viejo borracho y amante
de mujerzuelas. Por eso te doy mi consentimiento, es mi última esperanza. El
diablo no se comerá tu talento. Tu fuego se extinguirá y te apagaras, te curarás y
vendrás de nuevo. Yo te esperaré porque siento que eres la única persona en la
tierra que no me ha condenado, lo siento y no dejo de sentirlo… Hasta se puso a
gimotear. Era sentimental, malo y sentimental.


Aliosha fue una mezcla de místico y realista. Sin duda en el monasterio tenia
absoluta fe en los milagros, pero en mi opinión –decía Aliosha- los milagros nunca
alteran al realista. No lo mueven a la fe. Si el verdadero realista no es creyente,
hallará siempre dentro de él la fuerza y la capacidad para no creer en el milagro. Y
si este se le presenta como un hecho irrefutable, antes dejará de creer en sus
sentidos que admitir el hecho. Si lo admite, lo aceptará como algo natural, hasta

entonces desconocido. En el realista, la fe no procede del milagro; ocurre lo
contrario, el milagro procede de la fe. Una vez que llega a creer, precisamente por
su realismo se ve forzado a aceptar el milagro. Santo Tomas de Aquino, quien
necesitaba ver para creer y cuando vio exclamó: “Señor mío, Dios mío” ¿Lo que
lo forzó a creer era el milagro? Lo más probable es que no, sino que únicamente
creyó porque deseaba creer. A lo mejor ya creía por completo en lo más íntimo de
su ser, incluso cuando dijo:”No lo creeré hasta que no lo vea”


Aliosha tomó la decisión de querer vivir para la vida eterna y no aceptaba el
compromiso de una solución a medias. Si hubiese llegado a la conclusión de que
Dios y la vida eterna son un invento se habría hecho ateo y socialista al instante.
El socialismo no trata sólo la cuestión obrera o el denominado Cuarto Estado,
aborda también la encarnación moderna del ateísmo, el problema de La Torre de
Babel, que se deificaba precisamente sin Dios, pero no para alcanzar el cielo
desde la tierra, sino para traerlo a ella.


Con todos estos pensamientos ingresó Aliosha al monasterio. Allí se convirtió en
discípulo del ermitaño Zósima.


¿Qué es un ermitaño?


Los ermitaños aparecieron en Rusia, sólo hace unos cien años, pero en el oriente
ortodoxo, en el Sinaí y en el Monte Athos existen desde hace más de un milenio.
Algunos afirman que también tienen una larga data en Rusia, pero que
desaparecieron y que sólo volvieron aparecer hace unos cien años. Zósima era el
último de los ermitaños que quedaban en Rusia y cuando Aliosha le conoció
estaba en los umbrales de la muerte. Zósima no contaba con nada importante
que lo destacara: No poseía ni reliquias de santos, ni iconos milagrosos, carecía de
tradiciones gloriosas relacionadas con nuestra historia; no se le reconocían
empresas históricas, ni servicios a la patria, pero había adquirido fama por ser un
ermitaño, y el monasterio se convirtió en centro de atracción de peregrinos que
llegaban de remotas distancias para verlo y oírlo.


Un ermitaño es una persona que subordina el alma y la voluntad de ustedes a su
alma y su voluntad. Una vez que escogen al ermitaño ustedes renuncian a su

voluntad y se la delegan a él en plena obediencia, con una abdicación completa
de sí mismos, esta es una terrible escuela de vida, con la esperanza de que,
después de largos sufrimientos, se doblegará y llegará a dominarse hasta el
extremo de alcanzar, mediante la obediencia de toda su vida, la completa
libertad, es decir, la libertad respecto de sí mismo, salteando el derrotero de
quienes consumieron su vida sin encontrarse.-


Muchos opinaban que el alma de Zósima, luego de asistir a cantidades enormes
de fieles que se desvivían por escuchar sus concejos y sus sanadoras palabras, los
cuales buscaban para aliviar su corazón, había recibido tantas confidencias,
lamentos y confesiones, que poseía una sensibilidad tan sutil que, con sólo
contemplar el rostro del desconocido que imploraba por su ayuda, podía adivinar
para que había ido, que necesitaba, e incluso, la naturaleza del tormento que
afligía su conciencia. Esto desconcertaba, asombraba y casi asustaba al visitante,
que tartamudeaba perplejo ante ese asombro que ostentaba el conocimiento de
su secreto antes de que hubiera podido pronunciar una sola palabra.


Aliosha nunca se cuestionó por qué lo amaban de ese modo, por qué caían de
rodillas ante él y lloraban enternecidos tan solo al ver su cara. Comprendía muy
bien que para el alma tranquila de la humilde gente del pueblo ruso, torturada
por el trabajo, el dolor y, sobre todo, por la eterna injusticia y el eterno pecado,
tanto suyo como del mundo, no había una necesidad y un consuelo más fuertes
que los de encontrar un santuario o un santo, rendirse ante él y reverenciarlo:


“No nos importa que entre nosotros exista el pecado, la mentira y la tentación,
cuando en la tierra, en determinado sitio, hay un gran santo; el posee la verdad, él
la conoce. Esto significa que la verdad no muere aquí y, en consecuencia, alguna
vez vendrá hasta nosotros e imperará en toda la tierra, según ha sido prometido”.
Aliosha sabía que así era precisamente como el pueblo sentía y juzgaba. Estaba
convencido de ello, y tampoco tenía la menor duda respecto a que el ermitaño
fuese este santo, ese custodio de la verdad divina ante los ojos del pueblo. En tal
sentido, pensaba lo mismo que los mujiks (campesinos) llorosos y sus mujeres
enfermas, que les acercaban sus hijos al ermitaño.


Fin del Libro Uno… Continuara…