Los Hermanos Karamazov para lectores del Siglo XXI

Apuntes de: Sánchez Ch. (16 de Dic. 2024)

Libro 3  

Los sensuales

Este libro comienza describiendo la casa de Fiodor Pavlovich y sus moradores al momento de los desenlaces fatales de la novela. 

La casa era habitada por Fiodor y su hijo Iván Fiodorovich (el primer hijo de su segundo matrimonio) En el pabellón de la servidumbre vivían los sirvientes, el viejo Grigori con su esposa Marfa y Smerdiakov, que fue adoptado por la pareja. Aquí conocerán a uno de los personajes principales de la novela – Smerdiakov – y el rol de éste en su desenlace.

Una noche los sirvientes escuchan llantos y quejidos que provenían del huerto. Marfa le dice a su marido que son los quejidos del alma del único hijo que ellos habían tenido y que había fallecido unos años atrás. La mujer le insiste a su marido a que salga a investigar. Grigori coge una lámpara y en medio de la noche se dirige hacia un pequeño retrete en medio del huerto, de donde provenían los quejidos; allí se encuentra con una escena que Dostoievski describe así: 

“Al acercarse a la covacha Grigori se da cuenta que los quejidos eran de una mujer, abrió la puerta y se encontró con un espectáculo que lo petrificó: la loca de la ciudad que siempre vagaba por las calles y a la que todos conocían con el nombre de Lisaveta Smerdiaschaia, acababa de parir allí adentro. El bebé yacía a su lado y ella agonizaba. No decía nada, de hecho no sabía hablar”… Esa misma noche Lisaveta muere de las complicaciones del parto, pero el bebé se salva y vive.

¿Quién era Lisaveta Smerdiaschaia? 

Ella había quedado huérfana en su niñez y vivía deambulando por las calles de la ciudad como una poseída de Dios. La gente piadosa del pueblo le daba comida para su sustento y le regalaban ropa para que se abrigara del intenso frio, pero ella siempre dejaba tirado en el atrio de la iglesia cuanto le regalaban, si era comida se la regalaba al primer muchacho que encontraba y siempre vestía la misma ropa; una simple camisa, y sólo se alimentaba de pan negro y agua.

La novela retrocede en el tiempo para relatar el episodio cuando Fiodor Pavlovich era joven: Después de una noche de farra, Fiodor junto con otros 5 muchachos, se encontraron en un callejón oscuro a Lisaveta, la loquita del pueblo y comenzaron a hablarle y mostrarle vulgaridades obscenas. Uno de los muchachos propuso abusar sexualmente de ella. Hasta allí llega el relato sin describir que pasó después. La narración insinúa –no es explicita- que Fiodor Pavlovich pudo atreverse a abusar sexualmente de Lisaveta, ella queda embarazada. Este relato queda como un enigma. Hay dos preguntas que surgen: ¿Cómo pudo Lisaveta, en sus últimos minutos de dar a luz, saltar la barda de la propiedad de Fiodor? ¿Por qué razón escogió ese huerto para dar a luz? Ella muere y el niño le sobrevive.

Marfa Ignatievna y Grigori criaron al pequeño, empezaron a llamarlo Fiodorovich. (el hijo de Fiodor) Fiodor Pavlovich no se opuso para nada, le pareció gracioso, aunque seguía negando que fuera hijo suyo. Entre los vecinos de la ciudad cayó muy bien que se hubieran hecho cargo del niño huérfano, después le puso su apellido y lo llamó Smerdiakov, ya que su madre era Lisaveta Smerdiaschaia. Smerdiakov llegó a ser el criadito de la casa, viviendo en el pabellón de los criados y tenía asignada la función de cocinero.              

El cuadrángulo amoroso entre Grushenka, Katerina Ivanovna, Dmitri e Ivan: 

¿De dónde viene la relación de amor de Katerina Ivanovna hacia Dmitri…? 

El padre de Katerina Ivanovna fue un teniente coronel que estuvo involucrado en una estafa dentro del ejército, sus enemigos se aprovecharon para apartarlo,  denunciándolo ante el jefe de la división; quien llegó a darle un sermón al teniente coronel y al mismo tiempo a obligarlo a que solicitara la baja. 

Dmitri quien era amigo de Agafia Ivanovna, la hermana de Katerina, le dijo a esta: “Parece que a su papá le faltan cuatro mil quinientos rublos de la caja del batallón, si su padre no tiene ese dinero que le reclaman, antes de que lo juzguen y que lo degraden como simple soldado, es preferible que su hermana venga a verme en secreto, He recibido dinero, le daré lo que necesitan y guardaré la santidad del secreto. El teniente coronel se encontraba abatido y preocupado pues no contaba con los fondos para reponer el dinero y hasta intentó suicidarse, pero fueron sus mismas hijas y otros familiares que se lo impidieron.

Katerina, quien siempre había vivido y estudiado en un colegio de la aristocracia de Moscú era desconocida en la ciudad. 

Dmitri le relata a Aliosha como fue aquel encuentro nocturno: 

¡“Las casualidades existen hermano”! Nadie la había visto en las calles, así que la ciudad no se enteró en absoluto lo que pasó aquella noche: Ella entró y se me quedó mirando; sus ojos oscuros se clavaban en mí con energía, casi con insolencia, pero en las  comisuras de sus labios percibí indecisión… Se me acercó diciéndome:

— Mi hermana me dijo que usted me iba a dar cuatro mil quinientos rublos si yo misma venía a buscarlos. He venido… ¡Deme el dinero! –me dijo Katerina- sin contenerse, jadeante y asustada. Su voz se apagó y las comisuras de sus labios temblaron. Ella dependía de mi por completo, toda, en cuerpo y alma… de mí, que era una chinche y un miserable. 

Me di vuelta, me acerque a la mesa, abrí el cajón y saque una lámina (un cheque) de 5 mil rublos al portador, se lo mostré en silencio, lo doblé en dos, se lo entregué, le abrí la puerta del zaguán y retrocediendo un paso le hice una reverencia respetuosísima y completamente sincera. Ella se estremeció, me miró fijo durante un segundo, empalideció terriblemente y de pronto sin pronunciar palabra, y con un suave y profundo movimiento calculado, de manera apacible, se inclinó ante mis pies y tocó el suelo con la frente, pero no como le habían enseñado en el colegio de aristócratas en Moscú, sino a la manera del pueblo ruso. Se levantó y salió corriendo… Eso fue lo que pasó… Lo que pasó sólo lo saben Iván y ahora tú y nadie más.    

Dmitri, que era mujeriego y parrandero,  no se aprovechó de la necesidad de Katerina, ella se queda asombrada, Dmitri le deja comprender que no tiene por qué ofrecérsele sexualmente, que él le presta el dinero desinteresadamente. Esto saca de quicio a Katerina, (no lo comprende) pues sabe que Dmitri es un hombre parrandero, que se acuesta con cualquiera, pero en ese momento no se aprovecha de su necesidad. Katerina nunca entendió lo que pasó esa noche. A ella le gustaba Dmitri pero al mismo tiempo lo despreciaba pensando que se iba aprovechar de su necesidad.

Al día siguiente de aquella visita secreta, Dmitri recibió de manos de una criada (doncella) de Katerina un sobre con el vuelto  de los 5 mil rublos, sin ninguna explicación ni agradecimiento. El teniente coronel, padre de Katerina, entregó la suma del que se le acusaba, ante la admiración de todos, porque nadie creía que sería capaz de saldar su deuda. Repuso el dinero, estuvo en cama por tres semanas, luego le diagnosticaron una enfermedad degenerativa del cerebro y a los cinco días falleció. 

A la muerte de su padre Katerina regresó a Moscú, allí las cosas  evolucionaron de manera asombrosa, como en los cuentos árabes. La Generala, su tía adinerada que vivía en Moscú, al no tener herederas, testamentó a su favor, dejándole todas sus riquezas y para que no quedaran dudas, le puso en sus manos 80 mil rublos en efectivo. Con el paso del tiempo Dmitri recibió los 4 mil quinientos rublos que le había prestado y luego una carta de Katerina. 

— La tengo en mi poder -le dijo Dmitri a su hermano Aliosha- la guardo como una reliquia y moriré con ella. ¿Quieres que te la muestre? En ella se me ofrecía como novia. Textualmente dice: “Quería decirle que lo amo con locura, no importa que usted no me quiera, lo único que le pido es que sea mi esposo. No representaré ningún estorbo para usted, seré como un mueble, como la alfombra que usted pisa, quiero amarlo eternamente, quiero salvarlo de sí mismo” 

Siempre me avergonzaré de una cosa –le dijo Dmitri a Aliosha- tenía que tener presente que ahora ella era rica y con dote, mientras yo seguía siendo un pobre ignorante. Fue en ese momento que le escribí a Iván, quien vivía para ese entonces en Moscú y le expliqué todo lo que había sucedido con ella y le pedí que la visitara. Iván terminó enamorándose de ella y creo que todavía sigue enamorado. 

El tiempo pasó. ¡Ahora voy al callejón!, al desastre, decía Dmitri refiriéndose a su nueva relación con Grushenka, ya dejé mi honradez a un lado. Ambos nos fuimos a Mokroe, (pueblo turístico a 26 Km. de San Petersburgo) pasamos varios días en una farra degenerada, gasté mucha plata, pero Grushsenka sólo me alebrestó. No me permitió mayor cosa. Estuve muy cerca de ella y la besé pero nada más, nada más. Te lo juro hermano. 

Esa viveza con picardía de Grushenka fue la que enloqueció de amor a Dmitri, por ella entabló una fuerte disputa con su padre. Padre e hijo la pretendían y ella por supuesto le coqueteaba a ambos. En una ocasión tuvieron un fuerte alegato que los llevó a las agresiones y de no ser por la intervención de Iván, Aliosha y los criados de la casa Dmitri hubiera podido asesinar a su padre en aquel momento.

El libro termina relatando un encuentro dramático y misterioso: 

Después de la confesión que Dmitri hace a su hermano Aliosha, de su enloquecido amor por Grushenka y de su desencanto por Katerina; quien ya había regresado de Moscú, y se encontraba viviendo muy acomodada en la misma ciudad donde ocurren los hechos. Dmitri le pide a Aliosha que vaya a casa de Katerina a despedirse de ella en nombre de él. Cuando Aliosha llega a casa de Katerina nota un ambiente extraño. Vio una mesa servida en la que se notaba que minutos antes habían estado tomando el té con unos biscochos. Aliosha le transmite a Katerina, lo que Dmitri le había encomendado, el deseo de despedirse para siempre de ella y dejarle saber de su amor por Grushenka. Katerina le confirma con total seguridad que Grushenka nunca se casará con Dmitri. Aliosha le pregunta 

— ¿Por qué está usted tan segura de eso? Ella misma me lo acaba de confirmar. 

En ese momento aparece Grushenka detrás de unas cortinas, quien había escuchado la conversación entre ambos y se dirige a Katerina diciendo: 

— Yo nunca le he prometido tal cosa. 

— Pero si usted misma me lo acaba de decir, en esta misma sala. Responde Katerina. 

— Pues ya cambié de opinión -dice Grushenka- ya cambié de opinión…   Tal vez usted piensa que yo soy una mujer vendida. Pero usted señorita, una noche fue a vender su amor a la casa de cierto señor que ambas conocemos, para conseguir dinero. Lo sé, lo sé todo…

— Katerina lanzó un grito histérico y trató de abalanzarse sobre Grushenka, pero Aliosha la sujetó con todas sus fuerzas.

— Váyase de esta casa le gritó Katerina.

— Me iré –dijo Grushenka- Aliosha acompáñame… En el camino te diré algo muy hermoso.

— Váyase, váyase en este instante, le suplicó Aliosha juntando sus manos ante Grushenka.

Aliosha le dio la espalda retorciéndose las manos. Grushenka salió de la casa riendo a carcajadas y Katerina sufrió un ataque de histeria. Empezó a sollozar, ahogada por los espasmos. Toda su familia y sus criados la rodearon tratando de ayudarla.