El Nacimiento: Un cuento para esta Navidad

Era el octavo día del mes de diciembre, faltando pocos días a que terminara el primer cuarto del Siglo XXI. María Magdalena le pidió a su hermano Chepe, que le bajara tres pesadas cajas de cartón que reposaban sobre el viejo ropero, donde guardaba los muñequitos de barro cocido. Eran cientos de figuritas moldeadas, horneadas y pintadas en el pueblo de Ilobasco; conservadas como una reliquia familiar; y que año con año adornaban y acompañaban al milagroso nacimiento del Niño Jesús de Nazaret.  

Una alegre emoción sintió en el interior de sus pechos; desde el amanecer de ese día; era como si en breves momentos sería la diosa de la creación. Ella era consciente de no adjudicarse un mérito que no le correspondía, no quería engañarse. Sabía que los verdaderos creadores de su nacimiento, eran los que habían moldeado el barro. Ella solo era el instrumento de una tradición cultural hacia la comunidad.

El año anterior, que desmontó su nacimiento, envolvió y protegió  en páginas de viejos periódicos cada una de las figuritas para que no se fueran a quebrar. En esta ocasión ya tenía preparado el espacio donde las iba a colocar, había regado y espolvoreado aserrín de madera sobre una tarima y una larga  extensión de lucecitas  intermitentes estaba lista para alumbrar el espacio al momento en que el nacimiento fuera expuesto. Mientras ella terminaba de fregar platos y cacerolas del desayuno, escuchó los pasos y la voz de su hermano:

  • Mariaaaa… Frente a la puerta te dejé las cajas que me pediste que bajara. Le dijo su hermano Chepe.
  • ¿Vas a salir Chepe? preguntó María. ¿Tienes voluntad de ayudarme a poner el nacimiento? Este año se lo quiero dedicar a los niños y las familias que corren peligro de ser deportados de los Estados. El gobierno de Trump ha dicho que expulsará a los 11 millones de inmigrantes sin permiso de residencia.
  • Es una buena causa para tu nacimiento… Tenía previsto ir al correo a depositar unas tarjetas de navidad, pero me quedaré para ayudarte. Esta navidad no asoma con buenos augurios. Aunque yo creo que todo lo que dicen es pura demagogia y charlatanería. Eso lo vienen anunciando desde hace 40 años. Los engañados serán los que votaron creyendo en promesas electorales; pero por si las moscas no perdemos nada con dedicárselo a ellos.

Afuera  de la casa de Chepe y María el cielo se vestía de celeste  despejado, y un aire fresco venteaba de norte a sur, que algunos chicos del barrio aprovechaban para elevar sus cometas al viento. Acercándose a su hermano y con un suspiro en el rostro María dijo:

  • Ah… Este ambiente veranero, me trae despreocupados recuerdos de la infancia, que para mí se terminaron cuando decidí volverme justiciera comprometida. Esa idea de creerme revolucionaria, que se me metió entre ceja y ceja. 
  • Hermanita creo que tú nunca entendiste la parábola de vida del Nazareno… que el que se mete a redentor, crucificado termina.
  • Es mejor que morir sin causa, Chepe. Jorge Luis Borge en los Fragmentos de un Evangelio Apócrifo dejó dicho: “Bienaventurados los que sufren persecución por causa de la justicia, porque les importa más la justicia que su destino humano” Yo creo en eso Chepe… y así voy a morir.

Después de cinco décadas en ese afán y ya entrada en sus setenta años María se sentía agradecida por su destino y su vida; aunque las injusticias seguían  iguales o peores que antes; se acostumbró y decidió a no sentirse agobiada por el caos del mundo. 

La puesta del nacimiento era para ella otra forma de proyectarse y expresarse con su comunidad. Todos sus vecinos esperaban con entusiasmo el nacimiento de María Magdalena, y era tan popular, que hasta gentes de otros barrios lejanos venían a verlo. De muchas partes llegaban curiosos para ver cada año, cómo iba a disponer los muñequitos de su nacimiento.   

Mientras desempacaba y ponía cada una de las figuritas, dejaba que sus manos siguieran a su imaginación o su instinto, tal como ella entendía su mundo, su vida y sus creencias. 

Los primeros en colocar fueron las figuritas de Adán y Eva, expulsados del paraíso. Estaban tomados de la mano, cubriendo sus vergüenzas con unas hojas palmeadas de Cannabis sativa; a sus pies reptaba una serpiente burlándose de la creación. ¿De quién fue el error de la creación y del paraíso? No fue por culpa de Eva ¿Para qué tanta perfección en la naturaleza, si después vendría el desastre?

María Magdalena nunca aceptó el rol que el creador le adjudicó a la mujer. Sus padres, devotos en la fe Católica, la bautizaron así, porque esa santa fue la apóstol de los apóstoles, la preferida de Jesús de Nazaret, desde que éste evitó que fuera apedreada en la plaza pública por prostituta, increpando a la muchedumbre con sus sabias palabras: “El que esté libre de pecados… que lance su primera piedra…” Desde aquel momento, La Magdalena se convirtió en su fiel seguidora y financió su causa; siempre estuvo con él, en las verdes y en las maduras, aunque los apóstoles y la jerarquía de la Iglesia Católica Romana la marginaron de los libros Canónicos del Evangelio, intentando dejarla fuera de la historia bíblica.  

Alrededor de las figuritas de Adán y Eva, María quiso representar el mundo natural: Caballos, vacas, cabras y ovejas pastaban a su alrededor; un poco más allá puso volcancitos de cartón, arbolitos; y un espejo que simulaba una lagunita con flamencos parados en una pata. Con sus tijeras cortó tiras de papel celofán azules y celestes, representando un riachuelo, donde puso patos y peces. Unas mujeres lavaban, sobre unas piedras y tendían ropa limpia a la orilla del río. Junto a ellas puso las figuras mitológicas de la Ciguanaba y el Cipitío. Con aserrín simuló un caminito por el que transitaban soldaditos que llevaban capturado a un borracho; atrás iban unos mariachis con sus instrumentos musicales, seguidos por un grupo de civiles, que cargaban un ataúd rumbo al cementerio. En la placita central del nacimiento colocó un grupo de  mujeres canasteras con sus frutas y verduras; frente a ellas una iglesia de cartón, y un cura que desde el atrio las sermoneaba; al lado de la iglesia representó el palacio municipal, con dos grupitos de políticos ensacados.

Cientos de figuritas fueron puestas, a según la imaginación de ella. Chepe seguía con obediencia las indicaciones que su hermana le ordenaba. En un lugar especial y reservado para el nacimiento del Niño Jesús colocó el ranchito de paja. En su centro pusieron el pesebre, que haría las veces de cuna, donde la mula y el buey debían comer, custodiados por los padres del niño que aún no nacía.   

Según el calendario Gregoriano y por tradición, el muñequito del Niño Jesús debía esperar hasta la noche del 24 de diciembre para ser puesto en el nacimiento y los tres reyes del imperio Persa: Melchor, Gaspar y Baltazar, montados en sus camellos, llevando regalos de oro, incienso y mirra, también deberían esperar hasta el 6 de enero del 2025, pasadas la fiestas de navidad y año nuevo.

María Magdalena y Chepe gastaron cuatro horas arreglando y disponiendo la creación del nacimiento. Ella hubiera querido mandarle a Jesús, su único hijo, unas fotos por Whatsapp para compartirle como  quedó el nacimiento de este año; pero su hijo hacía 7 años, que se fue a probar suerte cruzando la frontera del Rio Bravo y desde entonces, no le llegaban noticias de él. En sus tiempos de angustia lo daba por muerto, pero la esperanza de que algún día volvería siempre la guardó  en lo más hondo de su corazón. 

  • Casi estamos terminando Chepe. Dijo María.
  • Sé que estás pensando en tu hijo Jesús y en los que serán expulsados con las  deportaciones masivas. Dijo Chepe. A todos ellos el Evangelio de Lucas les envía un mensaje: “Siéntanse felices si los odian, si los expulsan, si los insultan y los consideran unos delincuentes a causa del Hijo del Hombre, alégrense en ese momento y llénense de gozo, porque les espera una recompensa.
  • No creo que debamos dejarle todo a la justicia divina Chepe. Para mí todo aquel que lucha por la justicia o por causa que considera justa, no debe sentirse culpable de nada, aunque las leyes migratorias los condenen. ¿A caso no es justo trabajar como Dios manda, honradamente para dar porvenir a sus familias?
  • Hermana… preguntó Chepe: ¿Será posible que harán el ridículo de permitirnos ver al ejército más poderoso del mundo perseguir a humildes trabajadores agrícolas y de la construcción? ¿Será que los veremos perseguir a mujeres que van a limpiar casas de la clase media norteamericana y a niños que comparten escuelas con rubitos, negritos y chinitos?
  • Lo que necesitan es un chivo expiatorio, le dijo María a su hermano; buscar culpables del abismo en que se hunde la sociedad norteamericana. Esa  película ya la vimos hace 95 años con el Tercer Reich en Alemania. En algo tiene razón Trump: Los Estados Unidos se hunde en una crisis económica y de valores morales de la que ninguno de los dos partidos la podrá sacar. Mientras tanto hay que echarle la culpa a los inmigrantes. 

Llegó el día de la navidad y  María fue a buscar al Niño  Jesús que pondría en el pesebre cuando fueran las 12 de la noche; buscó entre las cajas y le dio vuelta a las páginas arrugadas de los viejos periódicos, sin encontrarlo. En una de las páginas de un periódico de Diciembre del 2017 el titular decía: La agencia de inmigración de Los Estados Unidos separa a niños de sus padres en la frontera… En el primer párrafo leyó: Sin importarles el llanto y el sufrimiento de padres e hijos, la policía de inmigración norteamericana, con su política de tolerancia cero, comete uno de los actos más inhumanos de que la comunidad internacional haya sido testigos…  Algunos de estos niños murieron bajo la custodia de las autoridades norteamericanas… y seguía detallando…  

María Magdalena no pudo seguir leyendo… ¿Qué será de estos niños? ¿Qué traumas llevarán para el resto de sus vidas? ¿Qué será de su navidad? Pensaba, mientras de sus ojos se derramaban lágrimas que se deslizaban por su cara, hasta su cuello y de inmediato pensó en su hijo… Ya no pudo leer. 

Faltando cinco horas para la noche buena tocaron la puerta de su casa, pensó que eran las posadas o alguien preguntando por el nacimiento. Cuando abrió la puerta vio a su hijo Jesús… parado en el umbral… Ella no lo podía creer. Se abrazaron. El abrazo y los llantos fueron interminables, no hubo palabras. Jesús traía un pequeño maletín con una mudada, un par de calzoncillos, cepillo, un tubo de pasta de dientes y un espejito redondo. Era todo el equipaje que le dejaron los de la migra y los carteles que lo tuvieron secuestrado en México. 

Entre sus pocas pertenencias también estaba un muñequito de barro que le sirvió de amuleto en el peregrinaje de su retorno. El muñequito fue el recuerdo que un niño guatemalteco que murió en el centro de detención en la frontera, le encomendó para que se lo entregara a su madre. Aquel muñequito ocupó el pesebre de su nacimiento.  

Había vuelto a nacer su hijo Jesús con el niño de Nazaret.

Joaquín Negrura

16 de Diciembre de 2024