El Comandante Aldo

(1ra. Parte)

Por: Lobo Pardo (26 de Sept. 2024)

– “… Vos sabés que los periodistas de este país ganan más por difundir chambres que por entregar verdadera información”

– “Lo sé y lo comparto”

– “No me consta puesto que no he leído ni escuchado la noticia pero dicen que cacharon a una de las comandantas sugiriendo a altos areneros que
podrían volver a las montañas alzados en armas, ahora contra el turco”

– “Yo si leí esa noticia; pero hay tres cosas que no cuadran. Primero es que eso lo dicen los mandamás más gordos y nalgones de tanto comer gratis a costa del Estado. Lo segundo: ¿con qué bases populares cuentan para ello?; lo tercero es ¿con qué armamento? ¿Con qué capital? Al parecer quienes sugieren esa posibilidad jamás lograron entender que las posibilidades reales de todo conflicto bélico son armamento y capital. Esto es más importante incluso que lo ideológico”

En tal vulgar conversación entreveraban aquellos hombres, juicios muy certeros extraídos de los largos años de la lucha política de que habían participado junto a los estratos intelectuales de la sociedad. Parecía en ellos cumplirse el axioma leninista que los obreros únicamente necesitan una chispa para que prenda en ellos la llama de la revolución

– “Tenés razón porque aquí, las únicas bases populares que podrían sublevarse, por el momento se han liberado de la tutela jesuita pasándose
al bando de los turcos”.

– “Mirá vos; y cambiando de tema.

– Si le ponés atención a lo que estamos viviendo, todo este cuento de la era digital es el último paso que está dando el sistema para tomar el control
total de las masas. Y cuando digo –total– quiero decir absolutamente total. Esto es haciendo uso de la información que acumula el establecimiento sobre cada uno de nosotros. El sistema sabe lo que comés, cómo vivís en tu casa, cuál es tu rutina diaria; tus costumbres…; cómo son tus relaciones con la familia, con tu patrón, con la municipalidad; con el Estado, en fin…, incluso de lo que pensás”

– “Date cuenta que la ley te obliga a que entregués el dinero de tus ahorros a la banca”

– !Tenes razón! En el tiempo de antes cuando el poder de los bancos tenía sus fronteras enterraban los abuelos sus ahorros en tinajas de barro; por
eso preferían las monedas de metal a los billetes de papel. Hoy día se ha vuelto prohibido tener ciertas cantidades de dinero en la casa que rebasen cierto límite. Cualquier forma de ingreso o de pago que recibís tiene que ser a través de una entidad financiera. El dinero queda retenido en las bóvedas bancarias y a cambio te dan la famosa tarjeta de débito para que podás consumir y hacer pagos según tus necesidades. Esta es otra forma de total intervención sobre nuestra vida. Cuando la banca o el Estado por alguna razón necesitan utilizar ese dinero para sus propios fines, tienen formas legales de negarlo a sus legítimos propietarios. Alegan fallas del sistema…; o que están bajo ataque cibernético…; y así como pueden volver a poner tu dinero en la tarjeta de débito al cabo de cierto tiempo, también te lo pueden negar para siempre alegando la quiebra generalizada de la banca”.

– “Justamente! Así como sucedió con el famoso corralito que en Argentina se impuso a los depositantes..!”

– “O así como le pasó a aquella famosa estrella de Holywood que perdió la mitad de su fortuna en la más reciente de las crisis. Cuando era joven le bastaba derramar una lágrima para conseguir lo que se proponía. Esta vez lloró a mares la pobrecita ante las cámaras de los telenoticieros, pero ni así recuperó lo robado….Pues es un robo legal… No?”

– “¡Claro!”

– “Otra cosa…! La tal digitalización del sistema es la perfecta coartada para negar el contacto directo, a cualquier nivel, con el personal de las instituciones Toda gestión sea civil, comercial o de la naturaleza que sea, se deberá tratar por la vía de internet o de teléfono. Esto significa que las instituciones del Estado; las grandes empresas de servicios…; los domicilios privados de media alta burguesía para arriba se volverán recintos amurallados, sin acceso al común de los mortales que desearán ser escuchados, dialogar; resolver su problemática con un ser humano y no con un aparato electrónico”.

– “Cierto! Ya está en marcha una brutal separación entre los reducidos grupos integrados al sistema, capaces de mantener un fluido intercambio
con el establecimiento, por un lado; y por el otro las masas que nos veremos desprovistos de la capacidad de que nuestras necesidades y demandas sean atendidas. Se dice que en los llamados países desarrollados es ya realidad que las consultas médicas, auscultaciones y hasta operaciones quirúrgicas, son llevadas a cabo por robots electrónicos a control remoto. El contacto directo con el médico tiende a ser allí un privilegio reservado para cierta categoría de gentes como los Donald Trump; Vladimir Putin; Xi Jinpin…”

– “Otra cosa es el tema del deterioro ambiental. Una vez liberados del contacto con el común de la gente, tendrá el gran empresariado más
manos libres aún, para apropiarse de los pocos recursos naturales y mantos de agua que van quedando en este país, esto sin preocuparse lo mínimo por restaurar el ecosistema… De esto deberán encargarse las asociaciones vecinales, media vez no amenacen con ello los intereses del gran capital… En definitiva, con la digitalización del sistema estamos adentrándonos a una forma inédita de esclavitud tan absoluta que los oligarcas pretenden no únicamente tener el control de nuestros actos, sino además de nuestras opiniones. Y nadie, ni el más pintado de los revolucionarios le atina a la manera de tomar este toro por los cuernos… ”

– “Ya se te olvidó que por lo menos aquí en El Salvador no ha habido revolución; lo que hubo fue una manga de presdigitadores que utilizaban
esa prédica para sus propios fines”.

– “Por eso digo yo que antes tendrá que venir una guerra más perra de la que hemos vivido; …; y quienes tengan que vivirla, la librarán con mayor
desesperación de la que nos acicateaba a nosotros”

– “¿Qué me decís de eso?”

– “Pues mirá que la verdad de las cosas es que yo salí de esa guerra convertido en un convencido pacifista”

– “Y eso por qué?”

– “Me he devanado los sesos días y noches enteras sin poder dormir pensando en eso. Y solo recuperé el sueño cuando llegué a la conclusión que el socialismo no existe. Lo único que existe es el capitalismo”

– “No me digás que ya te pasaste a la derecha!”

– “Es que la post guerra nos demuestra que no hay derecha ni izquierda! Todo es derecha!…; O me vas a decir que los excomandantes abandonaron a su suerte al pueblo que creyó en ellos y se dedicaron a llevar agua a su propio molino porque son de izquierda y por esa vía nos conducían al socialismo…? Hombre…! Darle lugar a ese fraude ideológico es como ponerse a adivinar bajo cual de las cajuelas está la chibolita…! ”

– “Y ¿por qué decís que el socialismo no existe?”

– “Obvio! ¿Qué socialismo hay en Rusia?; ¿qué socialismo hay en China?; ¿qué hay de eso en lo que fue el campo del –socialismo real– ¿ Hay algún vestigio de socialismo en algún país del mundo?… ¡No quedaron ni trazas culturales! Lo que hay son diferentes rostros de capitalismo… Esto me ha llevado a crear serias dudas sobre las llamadas revoluciones –llamémoslas revueltas, pues según Marx revolución es capaz de cambiar y aquí no cambia nada–.

– “Las revueltas populares, aunque no conduzcan al socialismo son necesarias porque rompen de manera temporal el rumbo que lleva el
establecimiento cuando éste tuerce el camino”

– “¿Y cuál es el camino que lleva el establecimiento?”

– “Que debería llevar digo yo”

– “¿Cuál?”

– “Pues se supone que el camino del equilibrio y la paz social. Demuestran además las revueltas la vulnerabilidad del sistema mismo; el poder del pueblo organizado. Y esto es más importante que las especulaciones sobre la posibilidad del socialismo. Esto es así porque el asunto del socialismo ha sido vulgarizado por los aprendices de oligarcas a tal grado que ya parecemos el cuento del burro y la zanahoria”.

Por un buen rato permanecieron callados. El silencio de Romilio obedecía a que el razonamiento de Cipriano tendía a desbaratar sus esquemas mentales. La razón del silencio de Cipriano se debía a que carecía de mayores argumentos para ahondar en tales empíricas como atrevidos rudimentos de teoría.

Los temas de conversación salían como ases sacados de la manga de la camisa.

– “Te acordás del comandante Aldo? Vos Cipriano”

– “Y cómo no me voy a acordar Romilio, si fue un hombre tan desgraciado! A pesar de provenir de una familia pudiente la vida lo trató de manera muy cruel. Antes de los acuerdos de paz por las influencias del papá logro salir de la cárcel. Allá llegó y fue como si lo hubiese tragado la tierra”.

– “Pues el Chino Pito, quien lo conoció bien, dice que retomó sus hábitos de vagabundo en las calles de San Francisco California. Perdió el habla. Dice el Chino que cuando lo encuentra lo invita a comer, pero es incapaz de sacarle alguna conversación…!

Pendientes de varillas de bambú, aquellos hombres entrados al otoño de la vida, tiraban con cierto desgano sus anzuelos sobre el “Vado Lagarto” del Torola. Casi nunca pescaban algo; la sequía era crónica y el embalse de la hidroeléctrica que pronto comenzaría a llenar río arriba, podría incluso hacer desaparecer la pesca río abajo, por el secano que seguramente se producirá en verano.

Sin embargo asistían con frecuencia a ese ritual improductivo en el que comulgaban con tortillas tostadas a las brasas y frijoles salcochados, únicamente con el propósito, según ellos de mantener viva la llama de la “memoria histórica”, que algunos excombatientes alzaban como antorcha olímpica. No obstante las nuevas generaciones se mostraban renuentes a tomar relevo de tal antorcha. Es que la inconsecuencia entre el decir y el hacer de los dirigentes máximos se mostró de manera harto grotesca al interior y fuera de los palacios de gobierno. Ninguno de ellos fue capaz de alcanzar estatura de líder.

El comandante Aldo

Nunca fue nombrado comandante por el alto mando, pero cuando se le encomendó la jefatura de la zona Titihuapa, los combatientes por tradición le daban el trato de tal. A ésto concedía él ninguna importancia. Es que él estaba ahí no para llenarse de gloria y laureles como otros de su categoría, sino para luchar y vencer al sistema que engendraba los fantasmas que le atormentaban día y noche.

Gabi y Calulo, vivían en el mismo apartamento. El hecho de cursar estudios en diferentes facultades, al momento de juntarse para ir a casa, les daba la oportunidad de poner en práctica la técnica conspirativa del chequeo y contrachequeo. Esta vez el punto de encuentro sería la esquina sur oriente al interior del parque Cuscatlán.

A Gabi le divertían esas cosas, pero no les daba mayor importancia, si vivía con Calulo era por razones afectivas y no porque fuese seguidora de sus veleidades insurgentes. Su particular cosmogonía le acercaba más a John Lenon que a Carlos Marx. Ello a Calulo lo exasperaba, pero confiaba en que al final se impondría su poder de convencimiento.

Desde su improvisada atalaya, la vio venir, confundida entre los visitantes del parque, con paso parsimonioso apretando libros contra sus turgentes pechos; el tirante de su morral de yute cruzándole el tórax a modo de bandolera.

El método consistía en examinar visualmente, ordenadamente y por sectores, los alrededores de la ruta seguida por el objetivo (Gabi), a fin de comprobar si era a su vez objeto de seguimiento o nó, por parte del enemigo.

Calulo seguía metódicamente cada uno de los pasos del procedimiento. De pronto un torrente de adrenalina hizo saltar en él la alerta extrema.
Pasaba Gabi ante una banca sobre la cual se tendía a lo largo un joven vagabundo aparentemente dormido. Al mirarlo ella se detuvo en seco. Se acercó sigilosamente a la banca. Observó aquel rostro detenidamente. Cuando estuvo segura de reconocerle colocó la mano sobre el hombro del yacente dándole palmaditas para que despertara.

– “Aldo…! Aldo….!”
Este despertó abriendo los ojos con dificultad y éste a su vez al reconocerla se incorporó a posición de sentado. Ella se acomodó a la par, colocó los libros a un lado; se vieron a los ojos y él rompió a llorar. Se fundieron en un vasto abrazo.

– “Hermanita…. Hermanita…”, repetía entre sollozos.

– “¿Qué ha pasado? ¿Qué haces aquí en estas condiciones…?”

– “Papá ha vuelto a maltratar a mamá… Quise matarlo, pero la sola mirada de desprecio que dirigió hacia mí, arrebató el cuchillo de mis manos; me venció la cobardía; decidí entonces escapar sin rumbo y no regresar jamás…
Talvez a Estados Unidos… No sé…! Los pocos pesos que tenía en el bolsillo han llegado a su final… Me aterra el hecho de comprobar que soy incapaz de ganar algún dinero para proseguir camino hacia no sé dónde…”

– El padre de ambos, hasta ese momento rango medio y provinciano del partido de los militares había prometido a ellos que con motivo del alto cargo en el gobiern central que ahora ostentaba en la dictadura, cesaría todo acto de vejamen en perjuicio de su madre.

Desatada la violencia marital pasaba ella largos períodos sin salir siquiera del dormitorio. Únicamente permitía le acompañara una botella de wisky y algunos alimentos que le proveía la cocinera. Al llegar él de sus quehaceres se encerraba con ella en la alcoba y se creaba la sensación que detrás de esas puertas se cometía un asesinato. Tal cosa asustaba a los chicos y a la servidumbre, pero por instrucciones expresas de ella aquellos hechos no debían ir más allá de los muros de la espaciosa vivienda de clase media alta. Las sesiones de tortura física y moral,
podían prolongarse semanas enteras. Sus amistades volvían a acceder a la esposa del alto funcionario hasta que moretones en el rostro y resto del cuerpo, podían disimularse, con anteojos oscuros y recursos cosméticos. Ella bromeaba cuando las amigas inquirían sobre lo sucedido. –Es que me caí al resbalar en una cáscara de wisky–, decía.

Durante tales períodos y ya pasados éstos, se mostraba ella siempre amorosa, sumisa y solícita con su marido. Jamás se le vio siquiera sugerir la separación conyugal. La economía de la familia caía en crisis en tales episodios que tendían a repetirse con frecuencia, pues se mostraba él incapaz de atender sus negocios. Ahora el alto salario que devengaba constituía una tabla de salvación que le permitía mantener el status social a que estaba acostumbrado.

Hay quien dice que Gabi (dos años mayor que Aldo) decidió acometer la licenciatura en psicología, buscando una respuesta a tales comportamientos paternos. Tiempo después llegó a la conclusión que existía entre ellos una relación sexual recíprocamente consentida de carácter sado masoquista. Llegar a este término ayudó a Gabi a sufrir menos que su hermano aquella tormentosa situación.

En cierta ocasión trató ella de explicar a Aldo que, ciertamente, aquella era una relación enfermiza pero fuente de placer para ambas partes. Él se mostró más confundido que antes; desistió entonces de explicar tales conceptos a su hermano, con la esperanza que algún día él mismo llegase a ese entender. Con un tono de hermana mayor que para Aldo era irresistible dijo:

– “Vení conmigo! Necesitás un buen baño, rasurarte; ponerte ropa limpia…; comer algo; te ves pálido y demacrado!” Comenzaron a caminar hacia donde esperaba Calulo. Este, al verlos venir dio un amplio rodeo hasta colocarse por detrás de ellos.

Le extrañó sobremanera a Gabi no encontrar a su compañero en el lugar convenido. Era tan puntual, tan metódico …., pero la charla con su hermano le ausentó del tiempo. Agazapado tras unos arbustos Calulo les observaba detenidamente. El enemigo ponía en práctica métodos cada vez más sofisticados! Quiso saltar hacia otro arbusto que le posibilitaría talvez escuchar lo que conversaban. En el intento fue descubierto por Gabi.

– “¡Calulo! ¿Qué hacés ahí?”
No tuvo más remedio que caminar hacia ellos.

– “Te presento a mi hermano” dijo ella. Se dieron la mano. Lo observó con detenimiento pero con el disimulo que le aconsejaba el método conspirativo. Trataba de descubrir en el recién llegado algún rastro de alcohol o drogas. No encontró ningún indicio. Es que Aldo era como alérgico a ese tipo de sustancias.

– “Ha tenido problemas, irá al apartamento con nosotros”. Apostilló ella. La sola idea horrorizó a Calulo. Era una clara violación a las medidas de seguridad que él había venido tejiendo durante mucho tiempo con la meticulosidad con que una araña teje su red.

Se derrumbaba de la noche a la mañana el proyecto de hacer de aquel apartamento, un sólido bastión para las reuniones complotistas del movimiento. Pero no había nada que discutir. Gabi era quien, a partir de su salario de maestra del “Guadalupano” (colegio de señoritas de alta categoría), pagaba el alquiler de esa vivienda; era dueña del auto que les servía de transporte y la que aportaba lo necesario para la manutención hogareña. El aporte de Calulo a aquella convivencia se limitaba al terreno ideológico y al dominio de algunas materias académicas que importaban a Gabi, fuera de lo que sucedía en terrenos sentimentales.

Por razones de seguridad, informó Calulo a la célula de camaradas que en aquel apartamento las reuniones de planificación conspirativa se transformarían en simples tertulias de discusión académica y filosófica.

El trauma que le afectaba por la vivencia en el hogar paterno había llevado a Aldo a perder total interés por su formación académica o el dominio de algún oficio. Ni siquiera la propia Gabi podría asegurar si su hermano contaba con el certificado de bachiller; pero aquellas tertulias despertaron en él inusitado interés. Hacía preguntas, escuchaba palabras, frases que al conocer su significado le empujaban hacia un universo sumamente interesante para él únicamente sospechado, pero aún desconocido.

En una de las tertulias, Paulina, con la fogosidad y soltura que le caracterizaba afirmó:

– “… Con que facilidad, tendemos camaradas, a olvidar que policías y soldados, ni siquiera los más terribles torturadores son el enemigo fundamental de la revolución…! El enemigo fundamental son los detentores del poder económico y político a su más alto nivel!…”.

En otra ocasión el mismo Calulo apostilló: “… culpamos con harta frecuencia a nuestros padres por la distorsionada educación a que nos han sometido; a la violencia con que han pretendido corregir nuestras, para ellos, anómalas conductas… Hacemos caso omiso a que a la vez nuestros padres fueron educados por generaciones anteriores bajo los mismos, y acaso más graves métodos alienantes y deformados de lo que ellos nos someten… En síntesis quiero decir que no son nuestros progenitores los culpables de la miserable calidad humana de la generación a la que pertenecemos… El verdadero culpable como bien expresa Paulina, al que debemos combatir y aniquilar es el orden establecido que se viene reproduciendo de generación en generación desde el tiempo de los reyes católicos…!

Tal alegato se llevó la ovación de los asistentes; significó el impulso definitivo que abrió la mentalidad de Aldo a las ideas revolucionarias y le empujó a devorar con avidez una y otra vez el Manifiesto comunista”.

El episodio suscitado con la incorporación de Aldo al grupo no se vio exento de complejidades. Este leía ansiosamente las obras de toda una pléyade de interpretadores de Marx que escribían al rebufo de la revolución cubana, pero lo hacía de una manera desgarbada apoltronado en el sofá de la sala, devorando a la par gran cantidad de palomitas de maíz y coca cola, lo cual para Calulo era una clara ausencia de mística revolucionaria. El estudio de esos textos debía hacerse sentado correctamente ante un escritorio que permitiese a la vez toma de notas y apuntes diversos; tal y como lo hacían Vladimir Ulianov, León Trotsky…; otros grandes intelectuales…; y bebiendo té o café; nunca coca cola.

La relación entre Gabi y su hermano era tan armoniosa que no hubo necesidad de algún acuerdo para que Aldo tomara posesión del cuarto para huéspedes dispuesto a quedarse por tiempo indefinido.

Para Calulo el nuevo inquilino no era más que un incómodo intruso que de llegada, en el mapa afectivo de Gabi se colocaba en un nivel jerárquico superior al de él.

A diferencia de los estratos pobres de la población de El Salvador, para quienes sábados y domingos son dos días laborales más, para las gentes de clase media éstos días significan pequeñas fiestas en donde hay paseos, celebraciones; comidas especiales…

Las estrecheces a que obligaba a aquel grupo, vivir exclusivamente del poder adquisitivo del salario de Gabi les había hecho obviar esta parte de la cultura de clase. Por eso fue motivo de cierto asombro que en plena mitad de la semana aparecieran sobre la mesa del comedor, sendas chuletas de ternera con todos los ingredientes para aderezar un exquisito estofado, en medio de todo lo cual resaltaba una botella de vino.

– “Cenaremos rico” dijo Gabi, “tengo dos invitados”

– “¿Quiénes?”
Preguntó Calulo de modo impulsivo, no fuera a ser que tales invitados hicieran peligrar lo poco que quedaba, desde la llegada de Aldo, de las maquinaciones ideológicas que ahí se fraguaban.

– “No te preocupés” dijo ella, se trata de Priscila y su novio. Queremos hacer a ustedes partícipes de un acontecimiento decisivo para nuestro futuro.

Conocía a Priscila, Calulo, fiel colaboradora como la propia Gabi, pero no a su novio. Además se suponía que el futuro de él y Gabi estaba claro desde que decidieron vivir juntos: la lucha revolucionaria. Aquella respuesta no hizo más que complicar las aprensiones que hacían presa de él. Este hurgó en su mente en busca de algún pretexto que le permitiese ausentarse esa tarde del apartamento evitando así exponerse a lo desconocido, solo para caer en la desazón que no tenía donde ir. Resignado se dispuso a enfrentar lo que viniera y se ocupó de echar una mano a Gabi en el quehacer culinario a que estaba entregada.

Aldo por su parte, de quien hacían presa recurrentes estados de cierta astenia depresiva y pesadillas en las que sus padres eran protagonistas, se comportaba con fingido entusiasmo ante aquellos preparativos desde su sillón favorito frente a la pantalla del televisor.

El delicioso aroma escapaba por los cuatro costados del apartamento a la llegada de los invitados. Sentados a la mesa examinaba Calulo con solapado recelo al incógnito acompañante de Priscila.

A los conatos de rumor que se hacía sentir en el ambiente, a la altura del segundo brindis interrumpió Gabi el convivio para decir:

– “No!, no es algún casamiento de Priscila lo que queríamos anunciarles! Se trata que hemos calificado a una beca en la Universidad de Los Angeles, en el marco de la promoción anual del Departamento de Idiomas de la facultad … Aún no sabemos la fecha que tendremos que viajar, pero será muy pronto. Estamos muy emocionadas”.

El novio de Priscila se limitó a una sonrisa cómplice, pues él mismo era uno de los promovidos. Para Aldo y Calulo tal anuncio sin embargo, cayó como balde de agua fría por diferentes razones. Sobre éste porque se derrumbaban el castillo de naipes en el que Gabi era un gorrión que picaba el alpiste de la revolución en la palma de su mano. Y sobre Aldo porque volvía a perder el tibio regazo de un hogar que le acogía.

– “… ¿Y por qué nunca me contaste que concursabas para esa beca?”, preguntó Calulo totalmente desconcertado.

– “La verdad es que ni Priscila ni yo le dimos demasiada importancia a eso….; desde el principio sabíamos que los gringos favorecen a sus amigos probados y hasta ahora no entendemos porqué decidieron precipitar las cosas promoviendo al total de participantes. Nuestro propósito únicamente era mejorar el manejo del idioma inglés. Las circunstancias propiciaron una corta velada. En tanto Gabi hervía de entusiasmo, a Calulo consumía la desesperanza y a Aldo la depresión.

– “¿Me mandarás a traer hermana?

– “En cuanto me sienta establecida lo trataré; aunque vos sabés, las leyes migratorias de los gringos son en demasías anti latinoamericanas tal que la única vía que nos dejan en casos como el tuyo es la de los coyotes…; pero lo intentaremos…”
Calulo había quedado sin habla.

– “Tranquilo”, le dijo Gabi a solas. “He invertido todos mis ahorros en ésto; dejaré dos meses de alquiler cancelados… Tiempo suficiente para que ustedes encuentren alternativas…”

Continuará…